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martes, 17 de noviembre de 2015

ATENTADOS EN PARIS, DE LO SIMPLE A LO COMPLEJO.

Por Alberto Sánchez Argüello
A mis ocho años, el mundo era algo muy sencillo. Mis padres eran funcionarios honestos del gobierno, los nueve comandantes tomaban las mejores decisiones para el pueblo, Tomas Borge era el mejor poeta del país, La Prensa era un sucio instrumento del imperio y el imperio nos mandaba la guerra y el pájaro negro para hacer temblar nuestras casas.
Luego, con los años, algunas conversaciones y muchas lecturas, uno va descubriendo que el mundo era y es más complejo. Por eso no dejo de identificarme con los infinitos debates que le siguen al nuevo atentando en París, entre las personas que culpan al islam, las que culpan a las masas de inmigrantes sirios, las que dividen al mundo entre países bárbaros y civilizados, y así.
Todo sería tan fácil si el Estado Islámico fuese simplemente una organización orquestada por un grupo de súper villanos, salidos de la nada, capaces de seducir a jóvenes mentes de inmigrantes pobres, con el único objetivo de destruir la libertad de occidente.
Lógicamente mi niño de 1984 me vendría a decir que mierdas estoy diciendo, si hasta de negro van vestidos -todxs sabemos que el mal es negro y el bien es malo, ¿no?- es obvio que ellos son los malos y que los franceses, los norteamericanos, los ingleses, nosotros, somos los buenos.
Aquí es donde la discusión se complica. Por mi parte hace años abandoné la idea de dividir el mundo entre buenos y malos o entre izquierdas y derechas; aprendí a separar a los pueblos de sus gobiernos y a percibir el mundo como un sistema conectado por el clima, su historia y su evolución social y biológica.
¿Respaldo el terrorismo? Condeno totalmente cualquier acción de  tortura y asesinato, ya sea que provenga de civiles organizados, grupos paramilitares o el Estado. Pero me parece importante entender el origen del terrorismo y particularmente los atentados recientes para poder erradicarlo.
La falacia más grande que nos han enseñado es que todo esto es solamente un “choque de civilizaciones”, algo que debía de pasar una vez que la libertad y democracia de los países más desarrollados, fuera vista como una amenaza por el resto de países –o grupos humanos- que desean regresarnos al oscurantismo medieval a punta de balazos.
Y ojo, no dudo que exista gente que quisiera vivir en un mundo feudal, lleno de temor a Dios, con el cuerpo de la mujer y la familia sometida al mando del varón,  y grandes señores que deciden la vida y muerte de los siervos. Pero esa gente no vive necesariamente en medio oriente, las he visto opinar en redes sociales, en radio y televisión occidental, en gobiernos de derecha e izquierda, en mi propio barrio.
¿El Estado Islámico debería existir? Claro que no, pero la pregunta qué me parece más pertinente es ¿por qué existe el Estado Islámico? Y claro, tratar que la respuesta no sea choque de civilizaciones, la satánica influencia del islam, o la existencia del mal en el mundo…
Luego no faltará alguien que diga que París merece los atentados por todos sus atropellos en Argelia, Túnez y Marruecos, como si los civiles muertos fuesen responsables por las políticas coloniales francesas. Lo que si no debemos perder de vista es la conexión histórica que une a Francia con los diversos grupos que han logrado o intentado efectuar actos terroristas en su territorio, conexión que va más allá de odiar la torre Eiffel o la libertad de comer y bailar un viernes por la noche.
En el 2014 Hilary Clinton – exsecretaria de Estado de EE.UU. durante la primera Administración del presidente Obama – afirmó en una entrevista a la revista Atlantic “El fracaso a la hora de ayudar a construir una fuerza de combate creíble con los autores de las protestas contra el presidente sirio, Bashar al Assad, […] dejó un gran vacío que los yihadistas ahora han llenado” Entender que los grupos terroristas se nutren de conflictos históricos, condiciones de desigualdad socio-económica-política, una cultura patriarcal y los efectos monstruosos del complejo industrial-militar global, es vital para ir armando un rompecabezas que nos lleva más allá de las tres respuestas simplistas que expuse más arriba.
Esto no tiene por qué llevarnos a un universo conspiranoico de operaciones de bandera falsa –que cada vez que hay un atentado en occidente abundan expertos declarando que es el imperio que mata ciudadanos para justificar guerras- pero si es importante, responsable y necesario de nuestra parte informarnos más, vincular las cosas, saber más de historia.
De pequeño me quisieron enseñar a amar la revolución y sus comandantes, a odiar a Reagan, a la oposición derechista burguesa del país, a la contra. Me enseñaron un mundo sin matices, con buenos y malos. Luego crecí, y crecer significó no creer a fe ciega lo que me dicen, cuestionar el pensamiento imperante, preguntar las causas de las cosas, ser política mente incorrecto. Aunque a veces ese niño de 1984 me reclame que no le gusta el mundo confuso que le obligo a ver cada día, sin respuestas exactas o blancos y negros, no puedo hacer lo contrario.
Ya no soy un niño, creo firmemente en la obligación de conocer la historia para no repetirla, y en analizar/entender los hechos para preservar la libertad y la vida, ¿es realmente tan difícil?
Alberto Sánchez Argüello
Managua Nicaragua Noviembre 2015

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